Realidad numérica

Doce más uno, uno y tres… o simplemente trece. Realidad numérica, nada más lejos de eso, me toco lidiar con ella y con lo que encierra. Quizás ya lo estaba buscando desde hace tiempo, o quizás no había llegado el momento o la oportunidad de enfrentarme a él, pero con lo que conlleva, el domingo me tocó pasearlo por las calles de Cáceres durante 21097m, 70 interminables minutos… que encierran una historia, que quizás algún día comparta con vosotros, pero que de momento como no soy de aferrarme a escusas, sean más o menos fáciles, me lo voy a guardar para mi.

Lo cierto es que todo el tiempo que estuvo ese dorsal en mi camiseta fue de aprendizaje, de IMG-20160410-WA0061darle vueltas a las decisiones tomadas, de reflexión… momentos complicados y a la vez indescriptibles, pues como os contaba en el post anterior, para mi fue increible correr por las calles de Cáceres y notar el aliento del público en el cogote. Sólo por eso volveré, y será en mejores condiciones, porque las de esta prueba, como bien digo, no fueron ni las idóneas, ni las correctas ni tan si quiera las aconsejables para mi salud.

Y es en ese preciso momento cuando la realidad numérica te devuelve de un puntapié a la tierra, agitando su puño con violencia al ver que has intentado tomarle el pelo, que pensabas que esto era sencillo y que incluso le habías perdido el respeto. Los número son números, y siempre lo serán, y no van a darse la vuelta, ni acortarse, ni tan si quiera rebajarse por muy poderoso que te sientas, porque los 21097m son esos exactamente y si lo multiplicas por dos da exactamente 42195m, que con 24 años, un 13 de por medio y un 66’50” que le preceden se convierten en una auténtica bomba de relojería que cuando suena el Tic y ves que no llega el Tac, te encuentras con ella de cara, te mira, y tú haces como que no la has visto, pero en el fondo no hay más fantasía que la cruda realidad, la numérica, la de verdad, la que te castiga en el sillón durante una semana y te dice… conmigo no se juega, y espero que aprendieras la lección, porque una cosa es ser un loco soñador y otra muy distinta perder el respeto a los números, porque ellos siempre han estado, están y estarán ahí… ¡¡Voy a venir yo a tocarle las narices a ellos!!

Bienvenidos de nuevo a la realidad, tras un leve coqueteo con la fantasía.

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