Pinceladas del 2016

2016, la muestra más clara de que no hay yin sin yang, de que dentro de lo bueno se esconde algo malo, pero que dentro de aquello malo, puedes rebuscar y obtener algo bueno.

Arranca a todo trapo en Sevilla, corriendo como nunca, subiendo donde no había imaginado… y desde allí arriba justo, me hace bajar tan solo un fin de semana después en las angostas cuestas de Mintxeta (Elgoibar). Un impás, llega la Copa de Europa con una experiencia personal inmejorable en Kastamonu (Turquía), pero que a nivel deportivo me quedo helado, en ambos sentidos. Solo una semana después tocaba ser profeta en mi tierra, y me topé de frente con mi mala suerte. Sangre, sudor y lágrimas. ¡Qué mala pata! Me rehíce, como tantas veces lo había hecho antes, apreté los dientes y trate de buscar los buenos recuerdos que La Zarzuela me había dejado en juventud, pero ni aun así, de nuevo un mazazo en forma de dolor estomacal, y a pesar de la medalla, nada sabía bien. 15871856_1317241678319743_7624851663599088362_nQuedaban 15 días, y ya no era cuestión de correr más o menos, sino de luchar contra mi cabeza… y contra todos. Me fui a tierra de emperadores (Mérida), a buscar fuerzas en su Media Maratón, y me dieron la suficiente como para llegar a un Campeonato de España y conseguir lo que había trabajado y merecía. No había sido suerte, sino más bien trabajo y constancia. Y en ese impulso de buena energía, decidí otra de mis locuras, Madrid me esperaba y sus calles me empujaban a hacer un gran papel en una de las mejores medias maratones del panorama nacional. Me creía en la cresta de la ola, pero volví a caer una semana después en mi ciudad, y desde ahí… no volví a levantarme. Libros, exámenes, horas de insomnio… y el cuerpo protestaba, no quería correr, no tenía fuerzas para rendirse, pero tampoco para correr, y decidí concederle sus primeras vacaciones en 16 años de atletismo. ¡Mereció la pena!

Nueva temporada, nuevos colores, nuevo patrocinador, mismo equipo… más ilusiones. Arranca como casi siempre, subido en la montaña, mejorando, aprendiendo y disfrutando… También toqué el asfalto, desde Elvas a Badajoz concretamente, y para ser exactos, en 66 minutos. Empezó el circo de los croses, Atapuerca no dio respiro como cada año, luché cuerpo a cuerpo por una espada en Toledo, fui profeta en mi tierra, progresé adecuadamente en Aranda, me desinflé en las cuestas castellanomanchegas de Quintanar, probé la dulzura del Vino y el cariño del pueblo de Almendralejo, me lancé cuesta abajo y sin frenos un año más en una fría a la par de cálida Salamanca y brindé por este 2016 de locos en una Alcobendas que siempre me ha regalado momentos para guardar.

Si guardas momentos y no cosas, seguramente no se te olviden.

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