Don’t Stop

No ha habido un sólo día desde aquel fatídico 5 de Enero en que haya estado sentado en el sofá, abatido, parado… perdiendo el tiempo. He aprovechado todos y cada uno de los días, todos y cada uno de los momentos.

Primero, comencé por el principio, como es de recibo. Diagnóstico… realismo y sin parar a trabajar. Si bueno, puede que os mintiera al afirmar que no he parado. En realidad mi cuerpo si paró, 10 días, pero no mi mente. Es de eso que estás trabajando con tu cabeza, que la situación casi te obliga a abatirte, pero no. Hay en todo esmediomaraton_138to una fase de asimilación, de aceptar la fuerte dosis de realismo que conlleva la situación, de ver domingo a domingo lugares y caminos que deberían pisar tus pies, tu pie, tu dedo… ahora dolorido. Y lo asimilas, pasas el duelo, y comienza la fase de despertar.

Como un madrugador profesional, te vas desperezando en el camino que recorres de la cama hasta el baño, enciendes el grifo ¡¡Agua fría!! ¡¡Ofú, que fría!! Pero sienta bien, o eso dicen los entendidos del cutis y pijadas varias. Esta fase es importante, porque tu cuerpo se tiene que ir adaptando… bicicleta, elíptica, gimnasio, piscina, fisio… dolor, satisfacción, un poco más de dolor… Pero estamos en marcha. En el camino, personas, profesionales, amigos… todo suma, o incluso a veces multiplica.

Llega la fase de la actitud, cuando estas adaptado a ese ritmo, a esas sesiones interminables en la elíptica, a ese aire en la bici, a esa pereza del agua en invierno, a ese dolor del fisio… Cuando eso se empieza a convertir en rutina, pero no te gusta, porque tu rutina es otra… Run-Eat-Sleep… and repeat. Ahora esa fórmula no vale… hay mil cosas más y falta la más importante. Es ahí cuando aparece la actitud que multiplica. Decía Victor Küppers que nadie te conoce por tu habilidad, nadie te conoce por tu conocimiento… sino por tu actitud.Y en ello estamos… en esa tercera fase, donde me resigno a tomar como rutina algo que no es mio, pero lo disfruto, lo saboreo, abro los ojos y como en todo en esta vida, aprendo, evoluciono, avanzo… porque hasta una patada en el trasero te empuja hacia delante.

Y no, esto no es una queja o una maldición sobre la mala suerte, sobre mi lesión, sobre las carreras perdidas… sino es un recordatorio, de que como bien reza el título, no solo no he parado, sino que he derramado y sigo derramando hasta la última gota de sudor para volver más fuerte, para cuando sea el momento resurgir, como siempre o como nunca, porque si algo me enseño la vida es que el esfuerzo no se negocia. Un fuerte abrazo, desde aquí abajo

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