Abierto por vacaciones

No es época, pero que más da.

No es época de abrir nada, ni si quiera de empezar, enderezar o redirigir el camino. Pero que más da, aquí estamos a contracorriente. Jugando a hacer malabares, retando al corazón desde lo más sensato de mi cabeza. Es época de cerrar, que sí, que lo se, es época de “Vuelvo en 15 minutos” y de depresiones postvacacionales… “Cuando yo estuve…”

1 de agosto abierto por vacacionesPero la vida empuja, con o sin licencia para empujar, como ese autobús donde se escucha la voz de “vayan pasando para el fondo” para que quepa más gente y alguna que otra alma más. La vida empuja a estar al día, a acelerarte, a leer cosas que te ponen delante de los ojos y que aunque intentes apartar la mirada te persiguen como esa zanahoria a ese conejo juguetón. Pero tu cedes, y se acabó el leer por placer, ahora lo haces por empuje, igual que escribir. Es una pena que empuje tanto, porque tenemos que saber todos lo mismo, y opinar de igual modo, conectarnos y desconectarnos a la vez, ininterrumpidamente hasta que la muerte nos separe de este empuje.

Párate y piensa… recuerda, la interrupción es el dominio de los tempos. Tu decides cuando interrumpir el teclear de esa pantalla para teclear tu cabeza, tu decides cuando desconectarte del mundo para volver a él, y que cuando lo hagas no tengas porque sentirte mal. Solo necesitabas salir un rato ahí fuera y comprobar que la rueda sigue girando y que esta vez ni sabes, ni quieres saber dónde, cuando o porqué parará.

Se que no es tiempo de ello, porque las vacaciones son para otras cosas… pero viniendo de donde vengo, necesito aprovechar la oportunidad de abrir de nuevo, en vacaciones, para así aprovechar el tirón y que mientras otros tienen cerrado, pues el gasto se quede aquí. Además, os soy sincero, de un tiempo a esta parte, yo también, me he echado de menos.

Abierto.

Sin receta

Dormirse, que no dormir, dormir, que no durmiendo, durmiendo, que no soñando, contando días, ovejitas, noches, estalactitas y estalagmitas en el techo… Haz que suceda.

IMG-20161128-WA0040Me gusta dormirme, que no dormir, raramente. Soy de ese tipo de personas que cuando su cuerpo intuye la cama se deja invadir por ella, y en cuanto el cuerpo descansa, la cabeza trabaja. Me encanta ese momento de pensamiento, de reflexión interna, de análisis del día pasado y de incertidumbre de los planes futuros. Pero también tiene su parte negativa y es que al dejarte invadir por algo, los sentimientos pueden ser tan opuestos como cercanos, incluso alguna de las veces me ha sucedido irme a dormir con la cabeza echando humo y ¿Quien no?

Quien diga que no miente, se miente, todos tenemos miedos, todos tenemos inseguridades, vértigo, pánico… ponle el nombre que quieras, pero no vivimos seguros de prácticamente nada, nos cuestionamos todo y lo peor de todo, que en ocasiones lo hacemos con nosotros mismos. Leí no hace mucho en un libro algo así como:

  • ¿Tomas algo para ser feliz?
  • Si claro, decisiones.

Pero es que esa medicina se vende sin receta, sin prescripción… puedes tomarla cada 8h, cada 24h, cada 2 minutos… depende como sea tu vida, tus días… la mía, un jaleo. Y aquí no hay medicina alternativa, no hay plantas curativas, no hay vapores que valgan… hay coraje, sacrificio, esfuerzo y apoyos. Todo viene precedido de un momento crítico y agónico ¿lo hago o no lo hago? ¿Escribo o me callo? Y aquí no vale la archiconocida frase de “Tú deja el tiempo correr”… porque en esta vida nada pasa por nada y hay que salir ahí fuera, o más bien subir ahí arriba desde bien abajo, abrir la puerta… 3,2,1 y saltar.

Disfruten del viaje, les espero abajo, porque volveré a caer, pero ahora estoy saltando.

Nudo y desenlace.

Esta historia como ya os adelante en el título no tiene prácticamente introducción porque ya todos la saben. Un niño que desde pequeño sueña con ser atleta, que toca la gloria con sus dedos, que disfruta de lo que hace y que continúa haciéndolo por muchos obstáculos que se le plantean en el día a día.

Pero llega el nudo, un nudo que ya no solo aprieta, sino que en este caso ahoga. Un nudo en la garganta cada vez que tengo que descolgar el teléfono para llamar al fisio o al médico para decirle que de nuevo pie a tierra. Un nudo que no deja expresar nada, pero que saca a la luz todo. Una careta que te pones para afrontar todo con relativa calma y filosofía pero a veces no es suficiente.

Y entonces llega el desenlace, ese de que siempre si me caigo me levaDSC_0223nto, de si me caigo mil veces me levanto una más… aunque esta vez suena diferente. Suena a despedida, con retorno posiblemente, pero a despedida seca. Después de 15 incansables años, después de 10 años consecutivos participando en Campeonatos de España y consiguiendo medallas a nivel nacional sin descanso, llega el momento de bajar el telón, desmontar el “tinglao” e irme con la música a otra parte. Tocar en otros lugares, saborear nuevas cosas, retarme con la vida real y bajarme del barco en el cual llevo muchos años subido.

No es rendirme, es curarm
e en salud. Ha llegado un momento en el que lo que practicaba no era sano, ni consecuente, ni mucho menos satisfactorio y la balanza perdió el equilibrio hace ya algunos meses. Por tanto hay que hacer limpieza, hay que ordenar todo de nuevo y empezar a construir una nueva obra; con otro vestuario, otros actores principales y secundarios, otra banda sonora…

Crecer, es aprender a despedirse.

Hasta siempre

 

De dónde vengo

Vengo de polvo, así de entrada y para que quede claro.

Pero no un polvo cualquiera, sino el polvo. Si, el de la Kenia, el que deja huella de verdad. Vengo de la lucha, del camino duro, de los palos, de la derrota y la victoria, del levantarme por enésima vez. De allí donde el esfuerzo no se negocia y el éxito se asocia a una fórmula tan repetitiva como sencilla: Trabajo, elevado al máximo exponente.

IMG_0335Cuándo se tiene claro de donde se viene, no hacen falta muchas cosas más, salvo visitarlo de vez en cuando. Tomar la mano de un familiar cercano, tomar no uno, ni dos… sino tres cafés si hiciera falta en una tarde para arreglar el mundo, porque tal y como está la cosa, la verdad que va para largo. Chocar con un amigo, reír torrados al sol con los otros en la misma pradera donde unos años atrás te impregnabas de ese sudor que deja huella, de ese polvo del que no me olvido ni yo, ni las rodilleras de mis relucientes vaqueros de domingo. Una visita inesperada, otro café debido de hace mucho tiempo para ver que poco ha cambiado, que la familia y las relaciones ni se crean ni se destruyen, sino que se cuidan, y como tal de vez en cuando, o de cuando en vez, debemos sentarnos en esa vieja silla de enea junto a la camilla para reír de tiempos pasados, mejores y peores, y poner punto y final a una tarde de la mano que te vio crecer, que aunque vieja y arrugada, nunca deja de enseñarte que la vida está hecha de un material muy poderoso que es la fe, en uno mismo, en una ilusión, en un sueño… en un día, en un polvo.

Se pone el sol y solo queda el polvo, para quienes lo puedan degustar. A mi me toca volver a mi cemento, al humo de la ciudad… que aunque quiera imitar al polvo de la Kenia… ni que decir tiene que de donde vengo no es donde estoy, pero si donde quiero terminar. Al menos hoy.

 

 

 

 

 

 

 

Jugando al deporte

El deporte debe ser concebido como un juego, una forma de pasar el tiempo, o invertirlo, que nunca malgastarlo. En ocasiones nos centramos solo en el nuestro, pero el aprendizaje está fuera de él. En mi caso por ejemplo llega el momento de la temporada en el que me siento autómata. Zapatillas, cordones, pulsómetro, gps, una zancada, luego otra, recuperación, lap… Y cuando el juego ya te lo sabes a veces la cabeza necesita nuevos estímulos, sobre todo cuando a la hora de la caza del dragón te toca perder.

¿Qué es esto de la caza del dragón? Sencillo. En cualquier videojuego nos tiramos semanas jugando para llegar a la batalla final, pasamos pruebas, días duros, nos enfadamos con la consola pero como es ficción, siempre ganamos. En el deporte, como en la vida, a veces toca perder y cuando es en la batalla final duele un poquito más de lo normal. Es por ello que necesitamos seguir jugando567d3a6a-67bd-498d-8f92-92b2f6193e1f, valorar el día a día y no buscar esa batalla final. Jugar, si, justo eso que muchos niños olvidan y que sus padres obvian, buscando la ambición sin medida a corta edad, el triunfo, la fama prematura y como todo lo precoz, al final se acaba cayendo de blando, os lo digo yo, que he visto mucho “triunfito” que empezó a competir antes de jugar.

Por tanto jueguen, aprendan, inviertan tiempo si no es corriendo es nadando, sino paseando, sino pedaleando… pero nunca se paren. Busquen alternativas, que las hay, y disfrútenlas, no se dejen llevar por la inercia de si no me sale esto me desespero. Hay mil y una cosas por hacer, y si quitan esa una, les quedarán mil, no las desaprovechen, pues en ello está la verdadera satisfacción y el verdadero aprendizaje, el día a día. Cierren los ojos, imaginen donde quieren estar y marchen a por ello. Diferenciense de aquellas personas que también cierran los ojos y se sientan a esperar que la vida les sorprenda. La vida no sorprende, la vida se vive, se juega, de disfruta y se invierte… como el deporte!

Baño de realidad

¡Se acabó! He apurado todas las opciones que quedaban, he hecho todos los entrenamientos alternativos que existían, he quemado la elíptica, he pinchado, inflado y desinflado las ruedas de mi bici, me he bebido toda el agua de la piscina; buscando el más difícil todavía. Pero no, se acabó, necesito alejarme de lo que más me gusta, y como dice el jefe Leiva… no se, no se, no se si esto lo que quiero…

dsc_0225Lo que si tengo claro es lo que necesito. Mi dedo está roto, es un hecho, pero antes de todo eso, lo estaba mi cabeza. De nuevo el estrés, de nuevo me sobrepasa la vida por la derecha y sin intermitente y a mi solo me queda que mirarla atónito, de momento. Pasa rápido, en un día de lluvia; y al hacerlo deja un rastro en el suelo, salpica y mancha; pero refresca.

No es un bajar los brazos, es un cruzarlos. Cansado. ¿Todo el mundo tiene derecho a estarlo no? Hasta los más fuertes a veces necesitan sentirse débiles, bajar allí abajo, justo al lado de la realidad y tomar conciencia de aquellos días de mierda y cuchara, los que tanto maldije y de los que tanto aprendí. El camino no se ha borrado y lo bueno de los caminos, por experiencia de fondista, es que no tienen dirección obligatoria. Puedes hacerlo, deshacerlos, subir, bajar, girar, pararte a mirar… y ahora mismo en ello estoy.

Parado, pensativo, inquieto… Día a día. No concebía esta forma de pensar, pero la vida al final te hace espabilar y llegar a ella, para al menos disfrutar lo que nos queda, porque lo que si que es seguro es que nadie sale vivo de aquí, lo hagas bien, mal o regular. No se donde estaré mañana, ni si quiera en un rato, lo único que puedo deciros es donde estoy ahora, con mi vida en la mochila y dispuesto a tomar el tren que parta hacia la locura más desenfrenada, total el no ya lo llevo ¿Por qué no intentarlo?

Vuelvo enseguida, he salido un momento.

Don’t Stop

No ha habido un sólo día desde aquel fatídico 5 de Enero en que haya estado sentado en el sofá, abatido, parado… perdiendo el tiempo. He aprovechado todos y cada uno de los días, todos y cada uno de los momentos.

Primero, comencé por el principio, como es de recibo. Diagnóstico… realismo y sin parar a trabajar. Si bueno, puede que os mintiera al afirmar que no he parado. En realidad mi cuerpo si paró, 10 días, pero no mi mente. Es de eso que estás trabajando con tu cabeza, que la situación casi te obliga a abatirte, pero no. Hay en todo esmediomaraton_138to una fase de asimilación, de aceptar la fuerte dosis de realismo que conlleva la situación, de ver domingo a domingo lugares y caminos que deberían pisar tus pies, tu pie, tu dedo… ahora dolorido. Y lo asimilas, pasas el duelo, y comienza la fase de despertar.

Como un madrugador profesional, te vas desperezando en el camino que recorres de la cama hasta el baño, enciendes el grifo ¡¡Agua fría!! ¡¡Ofú, que fría!! Pero sienta bien, o eso dicen los entendidos del cutis y pijadas varias. Esta fase es importante, porque tu cuerpo se tiene que ir adaptando… bicicleta, elíptica, gimnasio, piscina, fisio… dolor, satisfacción, un poco más de dolor… Pero estamos en marcha. En el camino, personas, profesionales, amigos… todo suma, o incluso a veces multiplica.

Llega la fase de la actitud, cuando estas adaptado a ese ritmo, a esas sesiones interminables en la elíptica, a ese aire en la bici, a esa pereza del agua en invierno, a ese dolor del fisio… Cuando eso se empieza a convertir en rutina, pero no te gusta, porque tu rutina es otra… Run-Eat-Sleep… and repeat. Ahora esa fórmula no vale… hay mil cosas más y falta la más importante. Es ahí cuando aparece la actitud que multiplica. Decía Victor Küppers que nadie te conoce por tu habilidad, nadie te conoce por tu conocimiento… sino por tu actitud.Y en ello estamos… en esa tercera fase, donde me resigno a tomar como rutina algo que no es mio, pero lo disfruto, lo saboreo, abro los ojos y como en todo en esta vida, aprendo, evoluciono, avanzo… porque hasta una patada en el trasero te empuja hacia delante.

Y no, esto no es una queja o una maldición sobre la mala suerte, sobre mi lesión, sobre las carreras perdidas… sino es un recordatorio, de que como bien reza el título, no solo no he parado, sino que he derramado y sigo derramando hasta la última gota de sudor para volver más fuerte, para cuando sea el momento resurgir, como siempre o como nunca, porque si algo me enseño la vida es que el esfuerzo no se negocia. Un fuerte abrazo, desde aquí abajo